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RoyNoMas

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Información personal

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    Devon Kidd Jr

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  1. https://despistaos.es/profile/27805-vit1/
  2. Id del padrino: 15717 Usuario apadrinado: vit1 Motivo: Lo conozco de rolear con el en otros servidores durante bastante tiempo y considero que sería bueno que entrara y viviera también lo que es Despistaos. Sabe como funciona el tema del rol y no dudo que respetará las normas y cumplirá como debe.
  3. Nombre y Apellido que vayas a usar ingame: Roy Cruz Edad y fecha de nacimiento (REAL): 23/05/1995 Experiencia previa en roleplay: Largo tiempo roleando en SapinRP como el moro del Betis, con el cual conseguí formar la banda de Grove Street. Posteriormente, con el CK después de un largo tiempo roleé como Thiago Almeida el cual acabó formando parte de la familia Sun Yee On (mafia dedicada al tráfico de drogas). Más tarde me mudé a Rage en la ciudad de Leyendas Urbanas, en la cual he estado roleando como Hamid Abdoulaye, miembro de la 93 South Side (facción no-oficial) hasta el día de hoy. Historia completa de tu personaje: Nacido en la ciudad de Mexicali, Roy creció en las calles de una ciudad abarrotada por la droga y los crímenes que esto conlleva, siendo la misma el puente hacia los Estados Unidos de América en cuanto a tráfico, sea de lo que sea. Criado en la Parcela 44 en una humilde casita vieja, pasaba los días en un pequeño campo de fútbol de tierra que había al lado de las pistas de tenis, pegado a un enorme descampado lleno de hierba, unos pocos árboles y algún que otro chasis de coche viejo oxidado. En su casa nunco tuvo una figura paterna como referencia, y desde bien joven tuvo que buscar cualquier forma de conseguir dinero por tal de ayudar en casa y colaborar con su madre, su única familia. Su padre, un traficante de poca monta, los abandonó antes de que él naciera por lo cual obvió su apellido y eligió el de su madre como único e irremplazable, Cruz. Su infancia fue extremadamente dura. Su madre se pasaba los días en la calle trabajando lo cual le daba total libertad de estar en la misma hasta que se le viniera en gana. A los seis años su madre le regaló su primer balón. No era un balón precisamente barato, se trataba de un Adidas Tango de la Copa del Mundo del 82, por lo que su madre tuvo que estar mucho tiempo ahorrando por tal de intentar hacer feliz a su hijo. Desde ese momento siempre fue su gran tesoro. Iba a la escuela dando patadas al balón, y volvía de ella del mismo modo, parando siempre en una pequeña tiendecita local en la que vendían golosinas ya que el dueño era amigo de su madre y siempre le regalaba un par de chicles por tal de verlo con una sonrisa. Era de las pocas veces en las que la alegría salpicaba mínimamente la vida triste y dura de un pobre niño inocente. Más tarde empezó a faltar a la escuela sin que su madre supiera de ello puesto que se pasaba los días trabajando. Al principio no suponía un problema. Pasaba los días en el pequeño campo de fútbol jugando con su amigo Ricardo hasta bien caída la noche cuando el hermano de Ricardo les recogía y acompañaban a Roy hasta su humilde casa, pero llegó el día en el que estar en la calle le jugó una mala pasada. Un grupo de jóvenes que solía frecuentar el parque les llamó para ofrecerles unas cuantas monedas a cambio de un sencillo trabajo. Simplemente debían esperar en la entrada del parque vigilando que no llegase la policía mientras ellos realizaban un intercambio con otro grupo de jóvenes. En caso de que llegasen los cuerpos policiales deberían silbar lo más fuerte posible por tal de que ambos grupos pudieran ser alertados y huir a tiempo, pero algo no salió bien. Un pequeño convoy de coches 4x4 negros con los cristales tintados apareció a toda velocidad, a lo que tanto Roy como Ricardo sólo contemplaron una opción, correr lo más rápido posible hacia el interior del parque para refugiarse en las pistas. Los jóvenes se percataron de la escena, y se dio lugar a una fuerte balacera la cual acabaría con la mayor parte de los muchachos en el suelo abatidos, excepto un pequeño grupo de tres o cuatro que decidió echar por patas. Una vez se dejaron de escuchar los sonidos de los disparos, Roy se dirigió hacia Ricardo, que se encontraba sentado en una esquina del pequeño campo de fútbol. Fue entonces cuando se dió cuenta que Ricardo tenía un pequeño agujero de bala en la zona del corazón, rodeado de sangre, la cual iba formando rápidamente una gran mancha con el paso de los segundos. Ricardo estaba en shock, y pocos minutos después exhalaba la última bocanada de aire de su vida. Y allí yacía el cuerpo sin vida del muchacho, de una edad no superior a los 13 años, en los brazos de su gran amigo Roy. Una escena tan dantesca sólo podía ser obra de un grupo en concreto, un pequeño cartel local que se dedicaba al narcotráfico y el tráfico de armas. Desde ese día Roy no fue el mismo de antes. Se le quedó grabada la imagen de la familia de Ricardo llorando de forma desconsolada el día de su funeral en la retina y soñaba con esa imagen cada noche. Debido a la gran ausencia de su compañero empezó a rodearse de compañías no demasiado buenas, gente que acabó influenciando en su vida de una forma totalmente negativa. Robos, peleas y diferentes tipos de altercados eran lo que conformaban sus días desde entonces. Eso y la música. Empezó a escribir sus propias canciones en las que hablaba de su día a día, a veces incluso con un tono reflexivo, las cuales grababa en un pequeño estudio cutre que había en el barrio. Así acabó pasando sus años de adolescencia, juntándose con malas influencias y con una madre ausente que se pasaba el día trabajando de cualquier cosa por tal de llevar un plato a la mesa. El ayudaba en la economía de la casa de toda forma posible, pero no podía contarle a su madre bajo ningún concepto a qué se dedicaba, aunque no iba a poder esconderlo durante mucho tiempo. De vez en cuando se subía a una bicicleta prestada y se dedicaba a llevar pequeños paquetes de droga a los sitios que le eran indicados previamente, pero no esperaba verse empujado a tener que mancharse las manos por obligación. Un día, la gente para que realizaba las entregas, le dió una pistola y le contó que había un muchacho que solía frecuentar una esquina cercana al barrio y se dedicaba a traficar con drogas dentro de su terreno, por lo que debería acercarse a él sin levantar sospecha, asegurarse de que era la persona indicada y dispararle. Roy al principio no era muy consciente de lo que estaba por venir, pero se subió a la bicicleta con la pistola escondida debajo de la ropa y se puso a pedalear. Cuando llegó a la esquina mencionada, vió a un joven muchacho vestido de blanco con un pañuelo azul atado al cuello apoyado en la pared y a un ir y venir de gente que se le iba a acercando de vez en cuando. Roy esperó, y cuando vio que se quedaba solo se le acercó poco a poco. Llegado a la altura del muchacho le preguntó qué estaba haciendo, a lo que este le dijo que se fuera a otro lado de forma un tanto impertinente, cosa que no gustó nada a Roy. No le caía bien la gente soberbia y con aires de superioridad que trataban a los demás de forma un tanto irrisoria. Roy lo miró con mala cara, dio media vuelta con la bicicleta, sacó la pistola que guardaba debajo de la ropa y apuntó al muchacho. El muchacho se percató de lo que sucedía y lo miró. Lo último que pudo ver fueron los ojos inyectados en ira de un adolescente que le estaba mirando fijamente y apuntando con una pistola. Entonces se escuchó un disparo. Roy pedaleó y pedaleó hasta llegar a la Parcela 44, mientras brotaban de sus ojos unas pocas lágrimas. En ese momento se dio cuenta de lo que había hecho. A punto de cumplir los dieciocho años, resultó herido de bala en el hombro en un atraco a un pequeño comercio local que no resultó como él y sus compañeros esperaban. El hecho de estar cerca de la mayoría de edad le jugó una mala pasada, y es que dado a la proximidad de su cumpleaños fue juzgado como adulto y acabó siendo condenado a diez años de cárcel sin fianza por asalto a mano armada e intento de homicidio, condena que fue reducida a siete años con el tiempo debido a su buena conducta en el interior del penal. Fue así cómo su madre se enteró de las actividades de su hijo.Durante su estancia en la cárcel se dieron lugar a varios sucesos. Su madre le visitaba una vez cada dos semanas pero no siempre podía por lo que había veces que igual estaban meses sin verse, hasta que ella falleció a causa de un tiroteo que tuvo lugar en el club de copas en el que trabajaba debido a una disputa entre un grupo criminal y los dueños del mismo dado que se negaban a pagar el impuesto de piso. En esa ocasión le concedieron permiso para acudir al funeral de su madre, un funeral con poca gente, en el cual era mayor el número de policías que el número de civiles presentes en él. Pero algo bueno sucedió durante ese periodo de tiempo y es que Enrique, un recluso que conoció al poco tiempo de entrar en la cárcel, le ofreció la posibilidad de cruzar la frontera en cuanto cumpliera su condena. Pasados los años, cuando cumplió los veintiséis y ya llevaba un año en libertad después de un duro proceso de adaptación y reinserción, decidió mudarse al otro lado de la frontera por tal de encontrar mejores condiciones de vida, pero el camino no fue nada fácil. Llamó a un número de teléfono que tenía apuntado en un pequeño papel viejo y arrugado que le había dado Enrique poco antes de salir de la cárcel. Enrique contestó, y le dio fecha y lugar exacto para realizar su huida en busca del famoso y conocido “sueño americano”. Iba a cruzar la frontera con un pequeño grupo de muleros como seguridad de estos, presentándose la oportunidad de permanecer en los Estados Unidos una vez finalizado el envío. Largos días y noches pasaron andando, cargados con el peso de los paquetes de marihuana y las armas, intentando evitar todo lo posible las patrullas fronterizas y los miembros de la DEA que peinaban la zona en busca de los criminales e inmigrantes sin papeles que intentaban penetrar en el país. Fue casi llegando al punto de destino cuando empezaron a escuchar fuertes ladridos y voces que se acercaban a ellos. Y de repente ¡BANG!. Uno de los muleros cayó al suelo sin vida, y se dio lugar a un fuerte tiroteo. Por suerte, era una pequeña patrulla fronteriza con la cual toparon, y dado la superioridad numérica del grupo en el que se encontraba Roy, lograron solventar la situación de la mejor forma posible. Llegados a la casa patera situada en un pequeño pueblo cercano, se reencontró con Enrique. Ambos se alegraron al verse, y este le dio a Roy un documento de identidad con su nombre, un réplica tan exacta que nadie bajo ningún concepto iba a poder identificar que era falso. A la hora de despedirse, Roy vio como Enrique se subía a un 4x4 de color negro, un 4x4 como los que llegaron el día en el que murió Ricardo en el pequeño campo de fútbol de la Parcela 44, uno de los mismos coches que se vieron rondando minutos antes que se diera lugar al tiroteo en el club de copas donde trabajaba su madre. Demasiado tarde. Enrique se alejaba y Roy ya no podía hacer nada pero, desde ese mismo día, se juró que como volviera a ver a ese malnacido iba a cobrar su venganza. Se subió Roy a un viejo coche que había en un parking cercano y se puso en marcha rumbo a la ciudad de Los Santos, donde iba a seguir con su vida, a expensas de que el destino lo interpusiera de nuevo en el camino de Enrique. Roy Cruz es una persona bastante reservada, le cuesta mucho abrirse y confiar en la gente pero cuando lo hace muestra gran lealtad y afecto hacia los suyos. Debido a todo lo vivido, es a poco a lo que teme, puesto que ya se ha visto en alguna que otra situación de alto riesgo. Uno de sus mayores miedos siempre fue la soledad, hasta que se vio empujado a ella a la fuerza y fue entonces cuando se dio cuenta de que, por mucho que le pese, la soledad siempre iba a acompañarle en algunos tramos de su vida. Si algo teme también es al tener que verse forzado de nuevo a despedirse de sus seres queridos, por lo que le cuesta mucho coger cierto grado de cariño hacia los demás. No le gusta aferrarse a nadie, puesto que cree que la vida es un ir y venir constante de gente que te acompaña en ciertos tramos de tu camino. Utiliza la música como vía de escape, como puerta hacia la liberación de todos sus sentimientos. La idea es interpretar al personaje con el acento y las expresiones típicas originarias de su país, y desarrollar la historia del mismo desde el momento en el que llegue a la ciudad según se vayan presentando las diferentes situaciones que esta pueda albergar.
  4. Jajaja muchas gracias Homer, y lo mismo digo ^^ Espero que pronto nos veamos dentro :3
  5. Nombre y Apellido que vayas a usar ingame: Roy Cruz Edad y fecha de nacimiento (REAL): 23/05/1995 Experiencia previa en roleplay: Largo tiempo roleando en SapinRP como el moro del Betis, con el cual conseguí formar la banda de Grove Street. Posteriormente, con el CK después de un largo tiempo roleé como Thiago Almeida el cual acabó formando parte de la familia Sun Yee On (mafia dedicada al tráfico de drogas). Más tarde me mudé a Rage en la ciudad de Leyendas Urbanas, en la cual he estado roleando como Hamid Abdoulaye, miembro de la 93 South Side (facción no-oficial) hasta el día de hoy. Historia completa de tu personaje: Nacido en la ciudad de Mexicali, Roy creció en las calles de una ciudad abarrotada por la droga y los crímenes que esto conlleva, siendo la misma el puente hacia los Estados Unidos de América en cuanto a tráfico, sea de lo que sea. Criado en la Parcela 44, pasaba los días en un pequeño campo de fútbol de tierra que había al lado de las pistas de tenis. En su casa nunco tuvo una figura paterna como referencia, y desde bien joven tuvo que buscar cualquier forma de conseguir dinero por tal de ayudar en casa y colaborar con su madre, su única familia. Su padre, un traficante de poca monta, los abandonó antes de que él naciera por lo cual obvió su apellido y eligió el de su madre como único e irremplazable, Cruz. Su infancia fue extremadamente dura. Su madre se pasaba los días en la calle trabajando lo cual le daba total libertad de estar en la misma hasta que se le viniera en gana. Al principio no suponía un problema. Pasaba los días en el pequeño campo de fútbol jugando con su amigo Ricardo, hasta que llegó el día en el que estar en la calle le jugó una mala pasada. Un grupo de jóvenes que solía frecuentar el parque les llamó para ofrecerles unas cuantas monedas a cambio de un sencillo trabajo. Simplemente debían esperar en la entrada del parque vigilando que no llegase la policía mientras ellos realizaban un intercambio con otro grupo de jóvenes. En caso de que llegasen los cuerpos policiales deberían silbar lo más fuerte posible por tal de que ambos grupos pudieran ser alertados y huir a tiempo, pero algo no salió bien. Un pequeño convoy de coches 4x4 negros con los cristales tintados apareció a toda velocidad, a lo que tanto Roy como Ricardo sólo contemplaron una opción, correr lo más rápido posible hacia el interior del parque para refugiarse en las pistas. Los jóvenes se percataron de la escena, y se dio lugar a una fuerte balacera la cual acabaría con la mayor parte de los muchachos en el suelo abatidos, excepto un pequeño grupo de tres o cuatro que decidió echar por patas. Una vez se dejaron de escuchar los sonidos de los disparos, Roy se dirigió hacia Ricardo, que se encontraba sentado en una esquina del pequeño campo de fútbol. Fue entonces cuando se dió cuenta que Ricardo tenía un pequeño agujero de bala en la zona del corazón, rodeado de sangre, la cual iba formando rápidamente una gran mancha con el paso de los segundos. Ricardo estaba en shock, y pocos minutos después exhalaba la última bocanada de aire de su vida. Y allí yacía el cuerpo sin vida del muchacho, de una edad no superior a los 13 años, en los brazos de su gran amigo Roy. Una escena tan dantesca sólo podía ser obra de un grupo en concreto, un pequeño cartel local que se dedicaba al narcotráfico y el tráfico de armas. Desde ese día Roy no fue el mismo de antes. Debido a la gran ausencia de su compañero empezó a rodearse de compañías no demasiado buenas, gente que acabó influenciando en su vida de una forma totalmente negativa. Robos, peleas y diferentes tipos de altercados eran lo que conformaban sus días desde entonces. Eso y la música. Empezó a escribir sus propias canciones en las que hablaba de su día a día, a veces incluso con un tono reflexivo, las cuales grababa en un pequeño estudio cutre que había en el barrio. Así acabó pasando sus años de adolescencia, juntándose con malas influencias y con una madre ausente que se pasaba el día trabajando de cualquier cosa por tal de llevar un plato a la mesa. El ayudaba en la economía de la casa, pero no podía contarle a su madre bajo ningún concepto a qué se dedicaba aunque no iba a poder esconderlo durante mucho tiempo. A punto de cumplir los dieciocho años, resultó herido de bala en el hombro en un atraco a un pequeño comercio local que no resultó como él y sus compañeros esperaban. El hecho de estar cerca de la mayoría de edad le jugó una mala pasada, y es que dado a la proximidad de su cumpleaños fue juzgado como adulto y acabó siendo condenado a diez años de cárcel sin fianza por asalto a mano armada e intento de homicidio, condena que fue reducida a siete años con el tiempo debido a su buena conducta en el interior del penal. Fue así cómo su madre se enteró de las actividades de su hijo. Durante su estancia en la cárcel se dieron lugar a varios sucesos. Su madre falleció a causa de un tiroteo que tuvo lugar en el club de copas en el que trabajaba debido a una disputa entre un grupo criminal y los dueños del mismo dado que se negaban a pagar el impuesto de piso. En esa ocasión le concedieron permiso para acudir al funeral de su madre, un funeral con poca gente, en el cual era mayor el número de policías que el número de civiles presentes en él. Pero algo bueno sucedió durante ese periodo de tiempo y es que Enrique, un recluso que conoció al poco tiempo de entrar en la cárcel, le ofreció la posibilidad de cruzar la frontera en cuanto cumpliera su condena. Pasados los años, cuando cumplió los veintiséis y ya llevaba un año en libertad, decidió mudarse al otro lado de la frontera por tal de encontrar mejores condiciones de vida, pero el camino no fue nada fácil. Llamó a un número de teléfono que tenía apuntado en un pequeño papel viejo y arrugado que le había dado Enrique poco antes de salir de la cárcel. Enrique contestó, y le dio fecha y lugar exacto para realizar su huida en busca del famoso y conocido “sueño americano”. Iba a cruzar la frontera con un pequeño grupo de muleros como seguridad de estos, presentándose la oportunidad de permanecer en los Estados Unidos una vez finalizado el envío. Largos días y noches pasaron andando, cargados con el peso de los paquetes de marihuana y las armas, intentando evitar todo lo posible las patrullas fronterizas y los miembros de la DEA que peinaban la zona en busca de los criminales e inmigrantes sin papeles que intentaban penetrar en el país. Fue casi llegando al punto de destino cuando empezaron a escuchar fuertes ladridos y voces que se acercaban a ellos. Y de repente ¡BANG!. Uno de los muleros cayó al suelo sin vida, y se dio lugar a un fuerte tiroteo. Por suerte, era una pequeña patrulla fronteriza con la cual toparon, y dado la superioridad numérica del grupo en el que se encontraba Roy, lograron solventar la situación de la mejor forma posible. Llegados a la casa patera situada en un pequeño pueblo cercano, se reencontró con Enrique. Ambos se alegraron al verse, y este le dio a Roy un documento de identidad con su nombre, un réplica tan exacta que nadie bajo ningún concepto iba a poder identificar que era falso. A la hora de despedirse, Roy vio como Enrique se subía a un 4x4 de color negro, un 4x4 como los que llegaron el día en el que murió Ricardo en el pequeño campo de fútbol de la Parcela 44, uno de los mismos coches que se vieron rondando minutos antes que se diera lugar al tiroteo en el club de copas donde trabajaba su madre. Demasiado tarde. Enrique se alejaba y Roy ya no podía hacer nada pero, desde ese mismo día, se juró que como volviera a ver a ese malnacido iba a cobrar su venganza. Se subió Roy a un viejo coche que había en un parking cercano y se puso en marcha rumbo a la ciudad de Los Santos, donde iba a seguir con su vida, a expensas de que el destino lo interpusiera de nuevo en el camino de Enrique. Roy Cruz es una persona bastante reservada, le cuesta mucho abrirse y confiar en la gente pero cuando lo hace muestra gran lealtad y afecto hacia los suyos. Utiliza la música de forma recurrente como vía de escape y desahogo. Debido a todo lo vivido, es a poco a lo que teme, puesto que ya se ha visto en alguna que otra situación de alto riesgo. Uno de sus mayores miedos siempre fue la soledad, hasta que se vio empujado a ella a la fuerza y fue entonces cuando se dio cuenta de que, por mucho que le pese, la soledad siempre iba a acompañarle en algunos tramos de su vida. Utiliza la música como vía de escape, como puerta hacia la liberación de todos sus sentimientos. La idea es interpretar al personaje con el acento y las expresiones típicas originarias de su país, y desarrollar la historia del mismo desde el momento en el que llegue a la ciudad según se vayan presentando las diferentes situaciones que esta pueda albergar.
  6. Muy buenas (inserte sustantivo que defina una franja temporal entre x e y dentro de una línea de 24 horas, teniendo en cuenta que x equivale a 0 e y equivale a 24) A TODOS! jej Vengo a presentarme, cosa que no se me suele dar muy bien pero que nunca está de más hacer. No me llamo Roy, suelen llamarme Roy, pero no sería una buena presentación si no mostrara mi horrible nombre así que vamos a confesar que me llamo Roger y ya cada uno que me llame como guste. Soy un joven mozuelo de 24 años apasionado de la música y los videojuegos. Llevo largo tiempo ya siendo seguidor de la comunidad, y ayer un miembro me preguntó que por qué no me presentaba a ella, y leches tiene razón, por qué no? Así que HOLA MI HENTE. Ya nos iremos viendo por los directos y supongo que por algún post del foro ? Dentro de la ciudad de momento imposible (pinche wl), pero seguro que algún día podremos coincidir y disfrutar todos juntos. Un placer estar aquí, saludos y abrazos para todo el mundo que eso es sano ? (inserte .gif de Dora la Exploradora saludando, que siempre queda bien) (Podría ponerlo yo mismo pero hay que trabajar la imaginación, muchachada).
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