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    Verónica Sidney

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  1. Si no os importa doy mi opinión al respecto, aunque soy muy nueva en la ciudad. En primer lugar, yo como civil, estoy quemada de ver, atracos sin rol, que son más bien atracos de farmeo, de que bajas de tu coche a punta de pistola, te cachea y se van pitando... ni un me, ni un do, ni nada que te de tiempo si quiera a reaccionar para poner un entorno y ni tan siquiera tiempo para rolear consecuente a tu propio personaje. Mi conclusión en mi corta experiencia en Despistaos es que los civiles, somos carne de farmeo para los malandros. Por otro lado, supuestamente las personas que atracan a mano armada a los muertos de hambre como mi pj, debería ser gente que tiene poco para vivir o al servicio de alguien, debería ser una clase marginal, con pocos recursos. Pero nunca me han robado en un coche robado familiar cutre... todo lo contrario, me han robado en superdeportivos con neones y tuneados, o en motos del concesionario vip rapidísimos, que, si pones entorno, probablemente esos vehículos hiper equipados esten ya en la otra punta de la ciudad. No es algo consecuente con los roles, ni con los personajes. ¿Por qué una persona con la pasta suficiente para ese tipo de vehículos necesitaría rebajarse hasta el punto de robar a un civil que está trabajando? ¿Por qué una persona de ese calibre, con esos posibles, iba a verse expuesto en un simple robo a mano armada en el cual lo que sacaría no sería una cantidad en absoluto significativa e importante para el? lo mires por donde lo mires, a mi modo de ver, no tiene ningún sentido las acciones con los supuestos roles que tienen, no son consecuentes. Y por último, el tema del PG, no me entra en la cabeza ver un superdeportivo yendo a mas de 100 por hora por terreno sin asfaltar, es físicamente imposible pues el vehículo se destrozaría, o se quedaría atascado entre posibles piedras, o en un charco de barro algo profundo. No digamos ya, la carreras por la arena, o similar. Igual que se rolea una ostia aunque no salte el script, se debería rolear este tipo de cosas por que debemos ser realistas. Como dice la propia definición de PG y cito la norma textualmente: "es poder hacer cosas que en la vida real no podrían hacerse, porque no tienen sentido ni lógica o por ser imposibles que aquí sí se pueden hacer por ser un juego. También engloba el forzar el rol del otro jugador sin darle la posibilidad a reaccionar tras una acción tuya. Recordemos que estamos en un servidor de rol y después de una acción, viene una reacción". Nada más que añadir, salvo que, los atracos de farmeo, son otro ejemplo de PG según la definición de la propia normativa. Añoro el rol puro, que fluya de manera natural, y cada día es más complicado encontrar algo así. Siento el tocho, y gracias por la atención y la oportunidad de expresarme.
  2. Me gustaría probar el rol de EMS y sobretodo de bombera como nueva experiencia, con el sistema de radio y códigos y aprender de ello. Además podría enriquecer el rol de mi pj IC de forma muy interesante y sobre todo con las relaciones con la policía y otros ciudadanos.
  3. · Nombre In-Game: Verónica Sidney · Edad y fecha de nacimiento (REAL): 07 de septiembre de 1985 (34 años) · Experiencia previa en roleplay: 1.315 h de rol en Nueva Vida RP. 3 meses en Administración. · Historia del personaje: Ella se despierta en plena calle de una ciudad desconocida, no sabe quién es, ni su nombre, ni su edad, ni de donde viene. Sólo sabe que tiene la cabeza vacía. Está descalza, con la ropa raída y manchada de sangre seca y barro. Tiene heridas superficiales en el hombro, los brazos, el costado, la cabeza y el pómulo derecho. En un bolsillo del pantalón tendría una tarjeta cutre de identificación desgastada con el nombre de “Verónica Sidney”. Sus manos están con restos de sangre seca debajo de las uñas. ¿Cómo llegó a la Ciudad de los Santos así? Ella nació y creció en Wellington, la capital de Nueva Zelanda, Australia. En el seno de una familia cariñosa y ejemplar, con su madre, su padre y su hermana pequeña. En un barrio de vida tranquila con un nivel medio de economía. Tuvo una infancia feliz con recuerdos entrañables, una adolescencia cargada de amoríos absurdos y una vida universitaria ejemplar estudiando arquitectura. Su padre era ingeniero militar forestal, enseñó a su hija mayor a ser concienzuda, y calculadora. No era duro ni estricto con ella pues, era responsable desde pequeña, y siempre enseñó todo lo que pudo a su hija, aunque fuera en un mundo de hombres. Gracias a él, ella amó el dibujo técnico y las matemáticas. Su madre era profesora, heredó de ella la curiosidad por el conocimiento, la templanza y la risa característica. Le enseñó a su hija mayor el valor de las pequeñas cosas de la vida, a ser observadora y apreciar y respetar todo lo que le rodea. Ella amaba a sus padres y a su hermana pequeña, que era algo más insensata y alocada. Ellos la querían y la apoyaron cuando decidió estudiar la dura carrera de arquitectura, y la ayudaron cuanto pudieron. Siempre se sintió arropada por ellos. Terminó la carrera y encontró un buen trabajo, no con un gran sueldo, pero lo suficiente como para emanciparse y vivir cómodamente ahorrando poco a poco, para pequeños caprichos. Tras un tiempo, Ella logró ahorrar lo suficiente para hacer un viaje con sus amigas de la universidad, en México. Llegaron las cinco a Cancún, felices e ilusionadas. Bajaron del avión y al salir del aeropuerto, en la entrada, vieron una furgoneta taxi y un hombre fumando apoyado en ella. El conductor las vio y se acercó a ellas ofreciéndoles sus servicios. Ellas accedieron al ver que viajarían juntas y se ahorrarían algo de dinero. El taxi las llevó a un lugar apartado e inesperado, una gran mansión de estilo neoclásico rodeado de vegetación frondosa. Las chicas al bajar del vehículo y no reconocer el lugar se les borraron las sonrisas de la cara y allí se dieron cuenta del error que habían cometido. Unos hombres aparecieron por la puerta de la mansión y las ataron con bridas, apenas opusieron resistencia, aterrorizadas, se miraban entre ellas horrorizadas. Las condujeron al interior de la mansión a una sala en la parte este, donde las colocaron en fila frente a una mesa presidida por un hombre latino de mediana edad. Levantó los ojos oscuros de los papeles del escritorio hizo algunos gestos a sus hombres señalando a las chicas y las separaron por distintas salas. Ella nunca volvió a ver a sus amigas. Aquella gente con acento latino, que apenas entendía la mantuvo atada, y le pusieron un saco oscuro en la cabeza, no podía ver nada. La empujaron al asiento trasero de un coche de gran tamaño que olía a tabaco. El trayecto en el vehículo grande y ruidoso se le hizo eterno y desesperante y asustada no sabía lo que le esperaba. La sacaron del coche y la llevaron casi a rastras por un edificio. Cuando le quitaron el saco y las bridas, se encontraba en una habitación sencilla y sin ventanas con tan sólo una cama, una mesita de noche y un pequeño armario en una esquina. Pasados unos minutos en los que se mantuvo quieta mirando alrededor y temblando, frotándose las muñecas, entraron dos hombres con batas azules. Uno de ellos la sujetó con fuerza y el otro le inyectó en el brazo algo de color amarillo. La soltaron y mientras cerraban la puerta su vista y su mente se volvió nublosa y confusa. Se sentía cansada y con sueño, sin energía. Se sentó en la cama y se dejó caer completamente sobre ella. A partir de entonces, perdió la noción del tiempo, los hombres que la inyectaron entraban cada día hablando de “La Dormilona”. Todos los días venían a verla muchos hombres diferentes que le hacían todo lo que se les ocurría. Sufrió humillaciones, dolor físico, dolor psicológico de todo tipo de torturas inimaginables. Pero hubo un hombre que se encaprichó de ella, que no la maltrataba tanto, hasta pensó que era bueno, y venía siempre a la misma hora del día. Poco a poco, ella fue despejando su mente y volviendo a tener consciencia. Se dio cuenta que “La Dormilona” era una droga para mantenerla sumisa, y que al parecer coincidía el horario con la visita de aquel hombre. Ella actuaba como si aun estuviera drogada, y nadie se dio cuenta de que no se le suministraba la droga. Así que esperó pacientemente hasta sentirse completamente limpia de sustancias extrañas y sus posibles efectos. Llegó el día en que se vio perfectamente despejada. Esperó, paciente, a que el cliente se durmiera, se levantó despacio de la cama, se vistió con unos simples vaqueros y una camiseta. La camiseta tenía una pegatina con el nombre de “Verónica Sidney”. Ella impasible, arrancó la pegatina guardándola en el bolsillo del pantalón. Decidió no ponerse calzado para no hacer ruido, cogió las llaves del coche del cliente y el dinero que llevaba encima. Entonces vio la pistola bajo el chaleco, la cogió sin pensar. Apuntó a la cabeza del hombre. Disparó y le voló la cabeza. Salió sin inmutarse de la habitación y entró a la siguiente, donde había un hombre abusando de otra chica, ambos gritaron y ella sin titubear, alzó el arma, apuntó entre sus ojos y disparó al hombre. Cogió su arma y sus llaves de coche. Repitió esta acción hasta que escuchó por el pasillo muchos pasos. Ella esperó en la esquina del pasillo hasta que aparecieron y comenzó a dispararles. Hubo un gran tiroteo, y algún forcejeo. Ella sufrió heridas superficiales de bala en el hombro y en el costado, junto con arañazos y un golpe en el pómulo derecho. Pero consiguió salir del edificio que resultó ser una gran mansión de tipo colonial y apretando los botones de las llaves de los coches se acercó al que estuviera más cercano abierto. Tiró el resto de llaves y entró en el coche arrancándolo rápidamente y saliendo del recinto a la máxima velocidad. Por el espejo vio que unos vehículos oscuros la seguían igual de rápido y comenzaron a dispararla. Los balazos rompieron el cristal y agachando la cabeza dio un volantazo estrellando el coche contra el mar. El impacto le hizo una herida en la cabeza que la hizo gritar y perder aire, decidió salir hacia la superficie buscando las rocas para esconderse a pesar de que le dolían los pulmones. Salió a la superficie respirando aire y tosiendo, mirando como el coche se hundía en el mar, se escondió entre las rocas esquivando a los mafiosos que fueron tras ella. Se fue moviendo hacia la vegetación frondosa y se ocultó de ellos, con cuidado, sin hacer ruido. Caminando llegó a una ciudad con un puerto gigantesco de mercancías, donde se coló en un barco que iba a zarpar lejos de allí y se escondió entre la mercancía, rezando para que no fuera un trayecto muy largo. Herida y exhausta llegó al puerto de la Ciudad de Los Santos, caminó descalza por las calles llegando casi al centro de la ciudad donde le pareció ver al fondo de la calle, lo que podría ser una comisaría de policía. Ella sonrió aliviada, se le nubló la vista y cayó al suelo inconsciente. · Miedos: su único miedo actualmente es no conseguir recordar nunca quién es, los otros miedos no los recuerda. · Aspiraciones: recuperar la memoria y su identidad, sobrevivir en la ciudad por ella misma. · Cualidades: a pesar de su situación, es una persona positiva y muy risueña. · Cualquier cosa que quieras añadir: El personaje ira descubriendo sus cualidades, sus gustos e incluso su personalidad según va avanzando el rol y dependiendo de las experiencias y situaciones que viva, en algún momento podría recuperar la memoria, si el caso se da. Todo se descubriría IC. La intención es tener rol social, sobre todo, y experimentar hacia dónde irá el personaje según lo que vaya viviendo en la ciudad.
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